domingo, 8 de junio de 2008

Canciones Patrióticas. Siglo XIX

Sesión de grabación de las canciones patrióticas del siglo XIX

1 comentario:

diego silva silva dijo...

Presentación de Diego Silva Silva de las 14 Canciones Patrióticas del siglo XIX restauradas e interpretadas.





Esta vez la memoria del olvido no pudo alcanzarnos, verdades ocultas se asoman nuevamente a la ventana de nuestras cotidianas vidas.



Caballos, cañones, arcabuces, fusiles … machetes, lanzas , alabardas … Ángeles y Demonios en la tierra del sol.

La epopeya de la razón y la justicia en la punta de la lanza, balanceándose en las notas de estos compositores, o quizás … Genios creadores … con el valor, el arrojo, la gallardía y el coraje de arriesgar sus vidas por cantar (sí, CANTAR, después de siglos desterrados) la gloriosa gesta de Bolívar, su pueblo y sus generales de tierra, cal, barro y bronce.



Cuentan ellos que el gran general llamó a sus oficiales, ríos, mares, selvas, informando que la libertad no sería más objeto de historias en reuniones, o encuentros, si…de capa, de espada … de oscuros espacios a la luz de un candil o de noches estrelladas que escapaban la soledad del alma.



Ahora los entendemos: Landaeta, Gallardo, Isaza, Bello, Montero, Meseron (o será meseruá), sin los textos en las partituras … claro ... clariiissssssimo…, no serían fusilados por los Monteverdes, Boves , Morales, La Torres.



Los compositores patriotas nos dejaron los trazos de su lealtad en botijuelas, alforjas o gualdrapas ... porque, de hábiles y sensibles artistas no podían pasar por ingenuos y ser candidatos a la soga del verdugo.



Después, en todos estos años de República, nos dijeron célebres maestros venezolanos que estas canciones no tenían ningún valor…



Ahora no sabemos si juzgar a los maestros o a su ideología que por euro céntrica o por baja autoestima, no supieron valorar estas extraordinarias piezas.



Escuchen … sueñen, hijos de los tiempos heredados y de los que vendrán, porque cuando se erigieron fronteras … ellos compusieron músicas para ir sobre ellas y cantaron glorias en un aire nublado de humo y pólvora, porque hacía falta no solo coraje y desprendimiento (virtudes difíciles de encontrar en los músicos actuales) sino un gran corazón.



Ellos, Españoles y Canarios, algunos inocentes del crimen, eran soldados que vinieron a morir sin conocer la piel del aire…Nosotros, diamantes periféricos sin talla ni temprana forma, al eco de las mentes, al sonar de los trémolos de tambores, anunciando la muerte, moriríamos también, pero amantes del aire, del viento, de la libertad y así quedarían nuestras espigas al viento…como estas músicas.



Puedo decir de estas piezas, que contienen la influencia de Haydn, Stamitz , Gluck, Rossini y el gran Beethoven, además de los patrones de Lully, Rameau y Couperin y un eco distante de Monteverdi.





Será que la ilustre academia que los ignoró hasta hoy va a decir algo ahora? , ¿Si?, ¿No?



Nuestros compositores del siglo XIX nos lo dijeron hace casi doscientos años.



Restauramos lo que atesoraban estos manuscritos trasladándonos a esa época de capas y ornamentos de fina filigrana y de pies descalzos; mulatos, zambos, mestizos, pardos, negros ...todos revueltos en la revuelta, machetes, lanzas … sangre de veras.



Y es que por pequeños que hayan sido los formatos composicionales y las agrupaciones instrumentales, no se puede desestimar el doble gesto de talento y valor. Tal y como nos lo han hecho conocer los investigadores europeos con los descubrimientos de sus valoradísimas líneas de canto e instrumentales sencillas, de lo que ellos, en sus tan recurrentes divisiones periódicas de la historia han llamado “música antigua”.



Es aquí en donde radica el principal problema con la heredada musicología histórica y comparativa, la descontextualización, lo que asoma una soterrada manera de descalificación de los procesos que no se asemejan al modelo de Europa central, mecanismo que sentó las bases de la dominación y posterior dependencia.



Al contextualizar las piezas de Isaza (Venezuela comienzos del siglo XIX, un apéndice cultural de la monarquía, un país en guerra) las encontramos particularmente osadas en el terreno armónico y siendo como lo fueron, compuestas para ocasiones en las que el generalato de Bolívar y la Sociedad Patriótica (no la Institución, hablo de la sociedad toda) engalanaban actos de la recién nacida República, vale la pena considerarlas como aportes invaluables del desarrollo musical de la época.



Algunas piezas presentan una sorprendente superposición de divisiones métricas irregulares, sobre divisiones regulares; en otras palabras, birritmia, o superposición de ritmos ternarios sobre ritmos binarios (y viceversa) que es, nada más y nada menos, que la esencia de la música de procedencia Africana y otras culturas no occidentales.



También es recurrente un muy particular desplazamiento de acento o síncopa en las voces principales del canto por sobre el acompañamiento y viceversa. Claro, ésto se encuentra también (tímidamente) en algunos autores europeos de la época, pero, ¿quién inspiró a quién?



¿Quiere decir entonces que nuestros Pardos compositores (al igual que el pintor Juan Lovera), se encontraban ya poseídos o seducidos por la magia rítmica de la africanidad, que seguramente, escucharon en lejanos toques de la negritud de las haciendas?



Algunas de las piezas se encontraban en partes sueltas que no pertenecían a la misma versión, es decir, tenían compases más o compases menos, lo que nos hace pensar que fueron recibiendo adaptaciones según las posibilidades del momento (ceremoniales e instrumentales), lo que significó un trabajo muy delicado de armar las partituras como un rompecabezas.



En otros casos, hubo necesidad de agregarle voces a las partituras, para darle sentido, entendimiento y razón. Esto lo hice a partir de los cánones de la época y la modelización fundamentada en otras piezas de esos mismos, Compositores.



Caso especial de investigación fue el de la Canción Americana, y ha sido posible gracias al arduo trabajo de Ignacio Barreto (en una obstinada insistencia cercana a la investigación y una pesquisa criminal o médica), que finalmente consiguió la línea intacta del I Violín y parte del texto escrita con su línea melódica, además de unas partes sueltas de Cornos (que no coincidían). Así, pude elaborar voces indispensables.





Así mismo, dos de las piezas que obviamente fueron escritas con orquesta (Gallardo y Meseron) nos llegaron en reducción para voz y piano, por lo que realicé una pequeña orquestación para cuerdas, agregando voces al claro contrapunto sugerido por los maestros y que pudo estar presente en las versiones originales que lamentablemente, fueron ignoradas y perdidas.



No hemos podido conseguir el texto de la canción Gloria Americanos, escrita para la instalación del Primer , Congreso de 1811, por ello, dejaremos a ustedes volar con la imaginación para que la versión instrumental que adaptamos, los lleve al entorno de este acontecimiento con la pomposa sonoridad de triunfo y celebración que la engalanó.



Le ha tocado a nuestra Belén Ojeda darle forma a los códigos encerrados en las partes vocales, no siempre explícitos; es decir, parte de los textos había que insertarlos en unas muy ornamentadas líneas de canto (al estilo de la época) que abarcan hasta cuatro notas por vocal en algunos casos, lo que significó un trabajo muy delicado, para que coincidieran las ideas musicales con el contenido de los textos y hacerse entonces entendibles.



Queremos agradecer en especial a Luisa Díaz, del Centro de Arte La Estancia, quien ha sido la principal Custodia de este proyecto y a la Presidenta del Centro de Arte La Estancia, Beatrice Sansó, por permitirnos devolverle a los venezolanos y americanos, este tesoro invaluable.



Gran dilema colocar notas en donde suponemos debieron estar (por los claros trazos que nos dejaron), pero ello no nos distancia... nos vestimos de añil y púrpura, Luisa, Belén, Ignacio este servidor y todo el personal artístico y técnico que nos acompaña, nos fuimos allá … a exigírselas al sueño que todavía soñamos.



Diego Silva Silva. Caracas, 19 de Abril del año 2008.